Sin respuestas pero con preguntas


Con cierta frecuencia me ocurre que nuevos clientes se frustran al enterarse que tener un coach no es lo mismo que tener un entrenador. Es cierto que la traducción invita a la confusión y como suele ocurrir, la forma de llamar las cosas nos genera representaciones que dan pie a expectativas que no siempre podemos contrastar satisfactoriamente en la realidad.


El coaching es esencialmente una metodología de acompañamiento y facilitación de procesos, y no un recetario magistral que podemos entregar una y otra vez como quien siente que entrega una verdad dada con manual de uso estándar ¿Acaso tus experiencias son iguales a las mías?


El sistema educativo y entorno en que nos manejamos a diario ha inculcado en nuestro inconsciente colectivo algunos modelos que han cobrado una deseabilidad desmesurada, algunos ejemplos puede ser el concepto de éxito ligado a una carrera imaginaria de estatus y bienes, o los prototipos de belleza que operan en cada lugar donde miremos. Esto también opera en el caso de las respuestas.


Cuando vamos a la educación formal se espera de nosotros que seamos capaces de aprender fórmulas de cualquier tipo, las memoricemos y almacenemos para contar con respuestas cuando llegue el momento de darlas. ¿Cuántas conversaciones comunes en el metro o cafeterías escuchamos de gente que se da consejos de vida sin siquiera cuestionar sus recomendaciones? Dar respuestas está bien visto, es lo esperable y aquello que se persigue algunas veces con esfuerzos injustificados.


¿Pero quién nos enseña a hacernos preguntas? Obviando el hecho de que los estudios de filosofía han pasado al olvido en gran parte de las mallas curriculares (como si eso no sirviera de nada), cuestionarnos es algo que puede tener tintes de desorden, falta de disciplina y en el peor de los casos revolución. Hacer preguntas a los demás y a nosotros mismos es un ejercicio olvidado porque sin importar si se acierta o no, el asunto es tener la mayor cantidad de respuestas.


En coaching nos entrenamos en hacer preguntas sin dar respuestas de recetario. Entendemos que las personas son capaces y seres inteligentes con capacidad de aprender, mejorar y vivir con autonomía, por eso ¿quién soy para decir lo que otro tiene que hacer?… al hacer preguntas bien orientadas las personas ponemos foco en dimensiones que probablemente nunca antes nos habíamos detenido a observar, y con ello descubrimos cosas nuevas y nos adentramos a conocer aquello que nos abrirá nuevas puertas de desarrollo.


No hay receta que le venga bien a todo el mundo. Cada historia, personalidad, deseo, habilidades y momento es único y requiere algo a su medida, ni más ni menos. Entonces ¿qué realmente quieres para ti?

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