¿Reír o llorar?

Me encanta la comprensión del ser humano, la filosofía, psicología, antropología, sociología, biología, neurociencias, la historia y todo lo que nos ayude a saber más de lo complejo que somos en esta especie, de por qué hacemos lo que hacemos y cómo poder ser mejores cada día, sobre todo en aquello que realmente marca la diferencia: nuestra capacidad de ser humanos con una alta cualidad ética y moral en la relación con uno mismo y los demás.


En una década trabajando como coach he tenido la fortuna de conocer a miles de personas y acompañar en sus procesos a cientos de ellos. He podido ver en primera fila la grandeza y bajeza de lo humano, los sueños y la desesperanza, el vacío y la plenitud. Me apasiona esta posibilidad de aprender de las experiencias de los demás y poder ir integrándolas con mis propias experiencias personales. Sin importar cuántas cosas vea aún me sigue impresionando nuestra capacidad humana de creación, la que bien canalizada salva vida de personas, transforma los lugares, crea el futuro y modifica nuestra forma de vivir. Sin embargo, también me sigue impresionando la estupidez, la ceguera espiritual, la bajeza valórica, la miseria de la mente y el corazón de muchas otras personas.


¿Cómo puede convivir en la gente estas dos caras tan opuestas? He dicho un millón de veces en diferentes lugares que soy un convencido que las personas no somos tontas, sino que procesamos mal. Me impresiona como hay quienes teniendo datos en su propia vida siguen repitiendo ideas, comportamientos y decisiones dignas de animales irracionales. Gente que se vanagloria de un corte de pelo, de una tenida, de una foto repleta de filtros, que pone más mentiras en su boca que falsedades en su corazón, gente que hace el mal aún sabiendo de su error, gente que rompiendo todos los limites de la convivencia humana son incapaces de corregir el rumbo; quienes justifican el robo, la mentira, el adulterio, la estafa; quienes venden supuesta altura personal mientras se levantan en puntas de pie apoyándose en la basura de sus historias, que buscan tapar con un poco más de maquillaje.


Me tiene cansado tanta pose, tanto auto-engaño que de tanto repetirlo terminamos creyendo en las fantasías más insanas, cuando la cosa es más sencilla, más mesurada, más genuina, sin luces ni aplausos, sin posición ni apariencia. Es tan fácil pero nos gusta complicarlo todo. Esta historia se trata de amar, de ser amado, de poder abrazar a las personas más importantes ojalá cada día, de poder dormir tranquilos y despertar con fe, que nunca nos preocupe si somos suficiente para algo o para alguien porque ya hemos sido suficiente para nosotros y para Dios. Poder reír de buena gana, que cada acción que hacemos contribuya a la vida de alguien. Que nunca lo esencial tenga un precio ni las personas se vuelvan mercancía para intereses miserables. Esto se trata de sentir, cuidando lo que siente el que está a nuestro lado. Si venía el consejo hecho desde hace tantos y tantos siglos: ama a tu prójimo como a ti mismo y a Dios con todo tu corazón, tu mente y tus fuerzas. Pero no, nos dio por hacernos los brillantes y cambiar las reglas que dan orden a todo. Nos dio por creer que podíamos inventar todo de nuevo y hacerlo mejor, y acabamos socavando nuestra propia dignidad e integridad. No sé si reír o llorar, si juzgar o perdonar, si irme lejos o quedarme para poder contribuir un poquito, no solo a esto que hemos armado entre todos, sino también a sacarme de mí aquello que ha quedado propio del roce de un entorno que corrompe corazones.


Creo que tenemos tarea pendiente, materias reprobadas y la necesidad imperiosa de corregir todo esto ahora mismo, por nuestro propio bien y el bien de quienes vendrán. No es verdad que todo lo podemos o que si lo crees lo creas. Tampoco es verdad que todo es relativo o que en nombre de las libertades tenemos un absurdo derecho de jodernos a cualquiera. No es cierto que el envoltorio de las cosas y las personas son más importante que aquello de lo que están hechos por dentro, o que el dinero y lo material justifican la falta de ética y la nula integridad moral. Perdonen que sea honesto en mi sentir, pero todo eso es mentira, una mentira que le sirve a mucha gente y que permite que el necio se presente como sabio, y que la persona vacía nos quiera hacer de guía en el camino de la vida. Un poquito de sensatez por favor.


¿Entonces? ¿Reímos o lloramos? ¿Nos vamos o nos quedamos? No lo sé, pero sí sé que esto hay que cambiarlo ya.

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