Más que estar: Acompañarse


Cuando pensamos en relaciones amorosas podemos encontrar una amplia gama de posibilidades, combinaciones y estilos de poder construirlas o simplemente tenerlas. Desde los amigos con ventaja, hasta la modalidad más formal como el matrimonio son caminos válidos para parejas que sienten que ese sendero es el que los moviliza y ya creen tener las condiciones de emprender una nueva etapa de la relación.


Sin embargo, estar en una relación es asunto fácil. Probablemente la mayoría de quienes están leyendo esta columna han tenido alguna relación amorosa en su vida y podrán sacar cuentas de que estar es la parte simple. La parte que amerita involucrarnos es la que cuesta porque requiere poner de nosotros mismos para que las cosas funcionen, pues no basta con estar de cuerpo presente al lado de nuestra pareja, sino que es en la función de acompañarse donde radica punto importante de la diferencia.


Cuando hemos constituidos relaciones de pareja serias y sólidas una de las expectativas quizás más comunes tiene que ver con el sentirse acompañado y apoyado por la pareja. ¿Qué sentido tendría cultivar una relación en la que no se puede contar con la otra persona? Parecería algo absurdo aunque lógicamente pasa con cierta frecuencia.


Así como uno tiene un rol de hijo, hermano, padre, nieto, etc. También uno tiene un rol de pareja que tiene como característica que no es transferible. Yo no puedo esperar que como hijo pueda hacer uso de mis beneficios familiares, pero que otra persona realice los deberes en mi nombre. En las relaciones de pareja es igual, yo no puedo esperar que otras personas, circunstancias o incluso nuestra misma pareja ponga la parte que me corresponde a mi. De ser así, claramente no es “acompañarse” lo que está ocurriendo.


Quizás algunos de ustedes han escuchado ese consejo popular que dice relación que uno debe elegir una pareja con la cual puedan conversar de todo y les guste hacerlo, porque la belleza y los atributos superficiales con los años van pasando y finalmente ese espacio de compartir y acompañarse se sustenta fuertemente en la capacidad de comunicación que la pareja haya construido. Quizás pueda ser un consejo digno de ser atendido y aplicado.


Estar es una buena señal y una condición básica para que las cosas puedan gestarse, pero acompañarse es la clave de poder hacer que crezcan y resulten duraderas para la relación.

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