La fragilidad de la vida

Anoche pensaba sobre la cantidad de veces en que alguna circunstancia me ha recordado la fragilidad de la vida. Recordé la muerte de mi abuela, el cáncer avanzado que me diagnosticaron en 2012, la vez en que tuvieron que operar el cráneo de mi hijo con solo seis meses, la enfermedad repentina de un amigo querido. Muy probablemente cada uno de nosotros puede encontrar momentos en que se nos enrostró que no somos eternos, que la certeza de un "hasta mañana" no existe, y que por mucha energía o salud que tengamos, todo puede cambiar en un instante.


¿Cuánta energía hemos perdido en batallas que no conducían a ninguna parte? ¿Qué cantidad de veces hemos dado más de lo razonable por cosas que en el fondo no le importan a nadie?


La vida es un tesoro tan hermoso, tan preciado, sin repuestos ni prórrogas, sin segundas oportunidades para volver a poner el juego desde el inicio, que si fuéramos un poco más conscientes de lo finito que somos, quizás haríamos muchas cosas diferentes.


Tal vez nos tomaríamos un instante para pedir perdón por el daño causado, quizás tendríamos el coraje de tomar esas decisiones difíciles pero necesarias para ser felices, probablemente nos daríamos cuenta que da lo mismo lo que el resto piense y que mentir es otra manera de perder el tiempo y desaprovechar los momentos. Quizás estaríamos dispuestos a jugar el todo por el todo por las personas que amamos, por los sueños guardados en un cajón, por los momentos que aún no hemos vivido.


Quien sabe... es probable que si fuéramos realmente conscientes de nuestra fragilidad, trabajaríamos más duro por los momentos mágicos, por las confesiones honestas, por los abrazos y los besos, por los sueños que no se cuentan, sino que se trabaja para hacerlos realidad. Es probable que pensaríamos más sobre lo que podemos entregar al resto en vez de preguntarse tanto sobre lo que uno gana por hacer tal o cual cosa. Creo que sí entendiéramos realmente el valor de este instante, no perderíamos tiempo en ponerle filtros a las fotos, ni grabar con el celular los momentos de la vida, porque estaríamos inmersos en la experiencia de vivir en primera persona, de activar nuestros cinco sentidos para no perdernos nada, de reír, de llorar, de correr o caminar, de hacer lo que sea pero siempre con dos ingredientes: siendo genuinos e intensos. ¿Por qué de que sirve una vida a medias? ¿Qué sentido tiene un estar desde el miedo, con el.freno de mano puesto o con la mente instalada en la salida de emergencia para asegurarnos si todo sale mal?... no creo que eso sea vivir, o al menos vivir con ganas.


Ya que todos sabemos que la vida pasa rápido y que sin importar nuestro origen, situación o estatus, ninguno tiene comprado un verdadero seguro de vida, entonces lo más seguro será gastar nuestros momentos y energía en cosas que nos llenen el Alma, en abrazos y conversaciones que nos hagan bien, en ser generosos, agradecidos, amorosos con los demás sin importar quienes sean, en actuar de forma recta, aunque parezca que algunas veces no nos conviene, porque no estamos acá para que sea conveniente, sino para que sea mágico y valga la pena.


Que no pase un solo día más perdido, ni en tu vida ni en la mía. Que no haya tiempo para mezquindades ni miserias, sino que solo para edificar, con amor, con entrega, sin perfección, pero siempre con humanidad y propósito, para que nuestro paso por este mundo sea el soporte que contribuye a que las cosas sean mejor.

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