Gratitud del cielo a la tierra

Hoy finalizó el último día de clases de la Certificación Internacional en Coaching Integrativo. Quizás me equivoco, pero creo que es la versión número 56 que dicto durante estos casi seis años dedicados a la formación profesional de coaches. Esta aventura que comenzó con una entrega de pasión, convicción y cero recursos materiales, y que a la fecha ha impactado en la vida de más de mil personas en diferentes países, y que seguramente ha tenido una repercusión en la vida de muchísimas otras personas que han experimentado procesos de coaching con quienes he tenido la bendición de formar en esta poderosa metodología.


Hace un tiempo anuncié que esta sería la última versión que dictaría de este programa, y fue justamente en una semana intensa de seis días seguidos con un grupo de 24 personas únicas, que dieron vida a una semana que tuvo mucho más que aprendizaje, sino que también logró tocar los corazones de quienes estuvimos en ese lugar compartiendo.


Puedo decirlo de forma honesta y de lo más profundo de mi corazón. Este cierre de programa fue especial y diferente a todos los demás en los que he estado. No nos fuimos solo contentos o satisfechos, sino que nos fuimos tocados, al menos eso sentí y me hicieron saber cada uno de ustedes (estas bellas 24 almas).


Cada día oro con fe y entrega por largos minutos, dando gracias y pidiendo a Dios que ponga a las personas adecuadas en mi camino, que me pueda forjar y usar para ser instrumento de sus planes y contribuir de alguna forma en edificar la vida de otras personas. Mi deseo sincero e íntimo es poder ser usado para la bendición de muchos, y hoy, como nunca antes en un programa de este tipo, me hicieron sentir que esto había sido así.


Álvaro (un participante) al despedirse de mi me dice: “no sé si sabes lo que estás haciendo”, y yo le respondí: “la verdad, no lo sé”. Sinceramente no lo sé, desconozco la magnitud, el impacto, las repercusiones de compartir herramientas y un llamado para que seamos mejores personas, para que podamos expandir nuestro potencial y tocar nuestra vida y desde ahí dar luz también a los demás. No sé cuántas sesiones habrán hecho los coaches a quienes les he enseñado, desconozco profundamente los cambios en la vida de las personas que pasan por estas experiencias, soy ignorante de la forma en que una pregunta puede llegar a impactar en la historia de alguien. Solo confío que es un trabajo de bendición, y por eso mi gratitud es desde el cielo a la tierra, desde Dios a cada uno de ustedes quienes me permiten hacer lo que hago y colaborar con este pequeño granito de arena en el camino de otros. Mi gratitud es por todos quienes cariñosamente se suman a este proceso. Mi gratitud es enorme por sus palabras de cariño y valoración. ¿Qué mejor que sentir que uno es valorado y querido? ¿acaso no buscamos eso también en nuestra vida y transcendencia? Mil gracias por brindarme esa experiencia y sensación.


Esta semana tuvo de todo. Gente que se inspiró, otros que se atrevieron, también aquellos que se comprometieron más consigo mismos, los que logran discernir lo importante de lo ilusorio, quienes se llevaron herramientas y los que incluso se sintieron más cerca de Dios al percibir cómo su vida es rica en bendiciones, cómo quien todo lo puede pone en el tiempo justo a las personas adecuadas. Es increíble cómo en un pequeño espacio se puede convocar durante una semana tanto anhelo de cambio y mejora, tanta pasión de superación y logro, tanta vocación por el bienestar propio y el del prójimo.


Escribo estas palabras con el corazón repleto de gratitud y emoción. Cada uno lleva su propia cruz, cada quien tiene sus propios anhelos y metas; pero muy probablemente estamos todos en el mismo camino de buscar sentido a nuestra existencia y combatir la miseria de lo humano, con la grandeza de lo divino, para sacar a relucir ese pedacito del propio Dios que vive en nuestro interior.


Hemos sido hechos para cosas maravillosas, denigrarnos en la apariencia, en la mentira, en lo vano, es una manera de despreciar nuestra propia esencia creativa y transformadora.


No sé bien cuál será el próximo desafío personal/profesional, pero sí sé que hay mucho por hacer y entregar, sé que tenemos que ser muchos y cada día más los que hagamos un compromiso interno con lo noble, los que trabajemos incansablemente por lo verdaderamente justo, por lo que nos eleva y exalta, por lo que edifica y trasciende. Que no nos distraigan las luces del ego, que no nos desvíen las piedras del camino y la gente que obra en la dirección equivocada. Que tengamos la fortaleza y la convicción suficiente para encontrar nuestro propósito y trabajar comprometidamente por aquello que nos hace mejores, y que da cuenta de la verdadera grandeza que vive en nuestro interior.


Que los dones se multipliquen cada vez que sean usados para el bien, que nuestro talento se proyecte como un rayo de luz en la noche, apartando la oscuridad de nuestro camino y siendo sendero para otros que aún no logran encender su propia luz. Que seamos fuentes de contagio para miles, pero contagiando cosas buenas, de aquellas que enaltecen nuestra vida y nuestro existir.


Deseo de corazón que cada meta sea cumplida en su vida, pero no solo por el hecho de lograr lo que se quiere, sino porque si ese desafío es bien escogido y habla de lo que está en su interior, será para el bien de ustedes y también para quienes les rodea.

Gracias. Gracias por permitirme cumplir parte de mi propósito, por confiar, por valorar, por acoger y por tomar el desafío. ¡Un abrazo apretado!


PS: Dedicado a los 24 estudiantes con quien tuve el honor de compartir esta semana.

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