Fin a la "reunionítis"

Antes de la pandemia que ha tenido al mundo en un profundo cambio durante el último año, algo podíamos ver en la mayoría de los equipos de trabajo y organizaciones, y me refiero a esa acción casi compulsiva de tener que hacer reuniones para cualquier cosa, muchas veces improvisadas, sin foco claro, sin acuerdos finales, la mayoría del tiempo como una verdadera "actuación" de productividad y trabajo en equipo, aunque en realidad eran el espacio ideal para perder tiempo y hacer más complejo el lograr nuestras metas.



Con el contexto actual, esta situación que podríamos llamar como "reunionítis" (una verdadera enfermedad organizacional) no ha disminuido, por el contrario, es una situación que se ha visto acrecentada debido a la preocupación que ha generado el trabajo remoto a las organizaciones y sus liderazgos, quienes con el temor de que las personas no sean capaces de cumplir sus objetivos sin control constante y presencial, han aumentado las reuniones, generando una sobrecarga de trabajo innecesaria, que tan solo ha puesto mayor carga, estrés y está minando las relaciones laborales y el logro de sus objetivos.


La reunionítis no se resuelve solamente con hacer menos de estos encuentros muchas veces inútiles, sino que se cambia modificando nuestra cultura organizacional, es decir, estableciendo una cultura de la confianza y de la auto-gestión, donde no es necesario estar encima de los colaboradores, porque cada quien tiene una meta clara y conocida, tiempos pactados entre las partes (líder y colaborador) y las herramientas para poder avanzar en este logro.


El líder actual necesita repartir poder y no concentrarlo, es fundamental construir capacidades en vez de limitarlo con la absurda idea que bajo su "poder" todo estará bien o estará mejor. Por el contrario, es compartiendo poder y autonomía como verá multiplicado su aporte, acrecentará el resultado y construirá equipos capaces de avanzar en la dirección necesaria.


¿Cómo partir? un buen primer paso es establecer con claridad los objetivos que tenemos como equipo u organización, para luego pasar al desafío de comunicarlo con efectividad a cada uno de los integrantes del equipo, estableciendo con cada una de las personas un acuerdo sobre estos objetivos, Luego, establece reuniones de seguimientos en tiempos razonables, como por ejemplo una vez por semana, de esa forma evitamos llenar a nuestro equipo de reuniones innecesarias y le permitimos a cada quien que administre sus recursos (tiempos, capacidades, etc).


Confiemos, abramos oportunidades a cada colaborador y dejemos de agobiar a los equipos para que cada quien pueda dar lo mejor de sus capacidades, esa es finalmente la invitación para poner fin a este mal en las organizaciones.

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