El enemigo interno


Hay personas que por su estructura de personalidad y sus trastornos a cuesta, llevan consigo la necesidad del reconocimiento y valoración sustentada en el triunfo a algún enemigo externo. En política lo vemos recurrentemente cómo los dirigentes de los países buscan fuera de sus fronteras a quien poder culpar de sus ineficiencias e incapacidades. Resulta evidente que es más fácil demonizar a un tercero que hacerse cargo de uno mismo, o justificar las propias conductas bajo la ilusión de estar librando un enfrentamiento.


Si bien en el ejemplo de la política internacional es más simple poder recordar situaciones de este tipo, la vida cotidiana aporta su buena cuota de casos. La cantidad de delirios y trastornos que es posible encontrarnos en el día a día, incluso con aquellas personas más cercanas a nuestras vidas, nos da material de estudio y reflexión de manera permanente.


¿Cuántas veces has visto o sentido que alguien te arrebata algo que te pertenece?… quizás más de alguna vez, pero si lo piensas nuevamente y con detención podrás encontrar que muy probablemente nada de aquello que “te arrebataron” fue tuyo alguna vez, y en la mayoría de los casos fuiste tú quien se esmero conscientemente o no para que aquello (persona o situación) saliera de tu vida.


📷Si tu enemigo es aquella persona nueva que llegó al trabajo, algún familiar, un ex amigo, tu jefe, tu ex pareja o alguien que se haya vinculado con tus afectos, deseos, frustraciones o aspiraciones de logro, déjame decirte que estás en el camino equivocado. Culpar a otros o ponerlos como un blanco el cual debe ser ajusticiado te llevará inequívocamente a tener aún peores resultados.


Buscar un enemigo externo permanentemente es el reflejo de la incapacidad de mirarse a uno mismo y hacerse cargo, principalmente de aquellas cosas que no nos gustan o simplemente no son correctas ni saludables. Buscar a otros para pelear una batalla que es interior, es pelear en la soledad del desierto y traer consigo nuevos problemas para alimentar el delirio.


Si estás pasando por una situación de rabia y deseos de venganza, o si estás hablando mal de alguien permanentemente, o una parte importante de tu tiempo estás imaginando qué harías para perjudicar a esa otra persona, entonces has perdido el rumbo. Detente ahora mismo, para un momento y saca esas ideas de tu mente y piensa en lo que realmente quieres, en qué te perturba y mira en aquel pozo que se ha secado dentro de ti y que necesita ser llenado. Olvida las peleas, le enemistad, las ofensas o agravios que sientas que debes defender. Esa pelea nació para ser perdida, por lo tanto no debes darla. Avanza en lo que realmente vale, y asume aquellas sombras que te incomodan de ti mismo. Nadie fuera de ti tiene la culpa de tu vida y el poder que le otorgas a los demás para influir en tus emociones y decisiones es hora de despojarlos.  Desde hoy no habrán más enemigos, ni peleas, ni nada que debas defender porque lo único que resolverá aquello que sientes y traerá lo que realmente deseas está dentro de ti. Limpia tu tierra, saca las piedras y pon cosas nuevas que permita florecer lo que verdaderamente necesitas, porque ese enemigo eterno no existe, no espera y no necesita de ti.


Has el duelo y mata tu fantasía, despójate de tu ropa de ego y vanidad para poder ser libre y alcanzar lo que quieres. Si es que decidas tener un enemigo ese siempre serás tu mismo, y si quieres un buen aliado para tus conquistas, ese también serás tú. ¿Entonces cuándo comenzarás a hacerte cargo de ti y dejarás de culpar a los otros?

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