Dejar de intentar para comenzar a lograr


Algo que muchas personas no saben es que nuestro nivel inconsciente funciona de manera literal, esto quiere decir que cada vez que nos proponemos “ser felices en el futuro”, “viajar cuando podamos” o “intentar lograrlo”, nuestro registro profundo graba esto como hechos, como si fueran órdenes incuestionables que deben ser seguidas tal cual son expresadas.


Decir “voy a intentarlo” dista mucho del resultado que significa afirmar que “lo estoy logrando”, y mientras no somos conscientes de esta realidad seguimos expresándonos como si todo diera lo mismo y dejando de lado el enorme impacto que esto tiene en la satisfacción de nuestras vidas y en llegar a alcanzar aquellas metas que realmente anhelamos para nosotros mismos.


En mi trabajo como coach de muchos ejecutivos y profesionales de los más diversos rubros, he tenido la ocasión de ver cómo muchas personas muy inteligentes y competentes tropiezan una y otra vez con las mismas situaciones que les impiden avanzar y lograr eso que verdaderamente quieren para sus vidas. Esta situación muchas veces se debe porque aún no aprenden a que sus palabras son las órdenes que quedarán en la hoja de ruta de su mapa inconsciente.


¿Te ha pasado que estás en busca de algo? Cuando declaramos que estamos buscando este proceso se vuelve más extenso y muchas veces sin fin, ya que es muy distinto dictaminar que uno está “encontrando” algo, a sentenciarse a la búsqueda eterna. Lo mismo ocurre con intentar, tratar, y todas aquellos auto-decretos que nos ponen en un tiempo indeterminado en el futuro y que nos llevan a aplicar en muchos aspectos de nuestra vida el “hoy no se fía, mañana sí”, que como sabemos es una historia que se perpetúa.


Las palabras que utilizamos para expresarnos hacia los demás, y principalmente hacia nosotros mismos, pueden facilitar o ser un gran traspié en nuestra vida, y tiene el poder de encaminarnos hacia los resultados que queremos obtener, o llevarnos secretamente hacia un peregrinar sin rumbo, o bien, en círculos que no nos permiten avanzar a pesar del tiempo y los esfuerzos invertidos.


Es cierto que intentar es el inicio de cualquier logro, y es un mínimo esfuerzo que merecemos para poner a prueba nuestras capacidades. Pero también es cierto que nuestra mente profunda no entiende de ambigüedades, ni respeta el “espíritu” de nuestras palabras, ni mucho menos se convence de nuestras metáforas o modismos. Para él las cosas son tal cual fueron dichas, por lo tanto es fundamental tomar razón de aquello que decimos y las palabras que utilizamos, para comenzar a declarar todo aquello que nos sea útil y nos encamine hacia las satisfacciones que buscamos en los más diversos ámbitos de nuestra vida.


Ser explícito y preciso es algo que muchas veces olvidamos aprender entre tantos eufemismos y términos de buena educación, pero allí radica la llave de una nueva puerta que nos acerca a la satisfacción de aquello que deseamos en nuestro interior.

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