Conversaciones pendientes: esos molinos de viento que nos asustan


Probablemente a ustedes les ha pasado que por alguna razón un cabo quedó suelto con alguien o varias de las personas importantes en nuestra vida, ya sea con nuestros padres, hermanos, parejas, amigos, etc. En algún punto de nuestra historia vital algo no quedó bien encajado y en ese puzzle de innumerables piezas que se vuelve la foto de nuestra vida, algunas figuras no calzan bien y aunque uno mire para otra parte, siempre se nota que no están bien puestas.


Por ello, de vez en cuando al mirar nuevamente en los pendientes vuelven a surgir esas disculpas que necesitamos dar o recibir, los te quiero que no fueron dichos como deberían, los abrazos bien dados, los tiempos brindados, las simples presencias que tan sanadoras habrían sido si hubiéramos hecho algunas cosas un poco diferentes. Muchas veces nos culpamos, o guardamos rabia (ya sea con nosotros mismos o con los demás) por todo aquello que sigue ahí sin cerrar, como una eterna tarea por hacer y siempre pospuesto por el temor (y el coraje) que significa hacerles frente.


Algunas de esas conversaciones parecieran no morir nunca, ni agotarse a pesar de que los años las han empolvado pero en el fondo no han podido aplacarlas. Otras veces se vuelven tan grandes como los molinos de viento que veía Don Quijote en su camino, y nos atemorizan logrando frenarnos; otras veces aterrarnos internamente al punto de huir de aquello que nos persigue por nuestro interior de manera incesante.


También, sucede que nos quedamos esperando que el clima nos acompañe para zarpar a esa aventura de hacer frente a nuestros temores y pendientes, y pareciera nunca estar el mar lo suficientemente calmo, ni el sol demasiado radiante para poder levantar las velas y partir a tal aventura de sanación.


Entonces, ¿qué hacer frente a esto que sentimos?. Aunque parece obvio, lo primero es reconocerlo de manera sincera, mirar estas emociones que no han quedado bien puestas en nuestro puzle vital y reconocer su origen, su sentido, su esencia incompleta, su sencilla humanidad sin esperar de manera injusta (a veces de santos o superhéroes) tanto de nosotros y del resto, siendo tan duros y flagelantes con aquello que hicimos o dejamos de hacer (o que otros hicieron o dejaron de hacer hacia nosotros).


Finalmente, ¿perdonar y perdonarnos no es también parte de acogernos y abrazarnos fuertemente sin la expectativa por delante, sino que con la comprensión y el cariño?.

Darnos la oportunidad de sentarnos a tener aquellas conversaciones pendientes en nuestra vida, no es sólo la posibilidad generosa de abrazarnos y avanzar, sino también, la decisión valiente de hacer de nosotros algo más completo que antes y por ende diferente y sanador, es la acción que nos permite ver en cada molino un lugar en que producir una versión mejorada y más integrada de nosotros mismos, y no sólo un mar de pendientes dolorosos que nos persiguen hasta nuestro muelle interior.


¿No te parece que hoy está perfecto para zarpar?

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