Cáncer… que te quiero cáncer


Hace algunos meses me diagnosticaron un cáncer linfático el cual ha sido como la guinda de la torta luego de un par de años intensos y agotadores en muchas áreas de mi vida. Ha sido claramente una instancia en la que el sedimento de tantas experiencias y emociones han tenido pie para decantar y encontrar su espacio de manera más cómoda y apropiada… más grande y madura quizás.


Probablemente a más de alguno de quienes lean esta columna les ha pasado alguna experiencia que los obliga, como diría Mafalda, a parar el mundo para bajarse. Ya sea por razones forzadas, por la necesidad física, mental o espiritual de tomar un alto, y limpiar esos cajones donde por años hemos ido tirando experiencias, emociones, logros y frustraciones sin hacer la labor de ordenar, dejar lo valioso, sacar lo añejo y ver si aquello es lo que queremos que siga para nuestras vidas, o bien hacer para nosotros un segundo tiempo diferente y parado en otros valores y prioridades.


Dentro de las cosas que me han llamado poderosamente la atención de esta experiencia ha sido el enorme cariño que he recibido de tanta gente que incluso sin conocerme ha manifestado por medio de una palabra, de una oración o de un simple mensaje, sus buenos deseos. Algo que siendo simple y gratis muchas veces administramos con mezquindad hacia los demás. ¿acaso no es eso parte de lo que nos hace humanos también? (Mis más profundos agradecimientos para cada una de esas personas).

En ocasiones nos toca vivir de manera personal o por medio de algún cercano, experiencias que resultan marcadoras, algunas veces se constituyen como hitos en nuestras vidas, dejando una huella entre un antes y un después. Hay quienes podrían lamentarse de su situación, sentir lástima de sí mismos o rendirse con una actitud derrotista. ¿qué hay ahí que nos ayude a avanzar?… cada uno sabrá responder.


Personalmente, he adquirido algunos convencimientos vitales que me parece son beneficiosos como política de vida, y que podríamos ejercitar por medio de las siguientes preguntas:


¿Soy generoso conmigo y con los demás? ¿soy agradecido sin importar la circunstancia? ¿veo aquello que no tengo o la abundancia que hay en mi?


Vivir con generosidad, agradecer nuestras experiencias porque en ellas nos hacemos mejores, y valorar la abundancia que tenemos en nuestro interior como un motor de cambio y contribución hacia nosotros y los demás, me parece que es un regalo, una oportunidad valiosa y hermosa de ser vivida con pasión y entrega, una forma de hacer que las cosas valgan la pena.


Finalmente, es el abuso, el egoísmo, la intolerancia, la anulación y tantas otras actitudes que vemos día a día en todas partes, aquella enfermedad que no cubren los planes médicos y que carcome y mata anticipadamente la posibilidad cierta de ser felices, plenos, desarrollados y generosos entre nosotros mismos.

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