Amor en cuotas


En estos días en que todo el mundo corre de un lado para otro para celebrar la navidad, podemos ver la locura en todo tipo de tiendas en busca de los regalos que daremos a nuestros amigos, familiares y seres queridos (y no tan queridos) para hacer sentir a los demás nuestro aprecio y consideración, al menos por unos instantes cada 365 días.


Es fácil ver a nuestro alrededor personas estresadas y agotadas por comprar todas aquellas cosas que no necesitan. Así nos topamos con el sentido que le da quizás la mayoría de la gente, entorno al consumo excesivo y el abuso del endeudamiento con el fin de dar aquello que no pueden pagar, esperando lograr compensar con eso el aprecio y cariño que no entregan cuando realmente pueden hacerlo.


De esta manera podemos preguntarnos: ¿Entre más sorprendente o caro es el regalo más te amo? ¿en cuantas cuotas le dirás a esas personas especiales que estás feliz de poder compartir tu vida con ellos? el trastoque de los valores realmente importantes y la creencia que lo fundamental está en las cosas que podamos acumular y demostrarle a los otros que “mi juguete sí es de última generación” (al menos por este mes), o que a mi me quieren más porque no cabe ni un abrazo entre tanto paquete puesto en el árbol navideño, es lo que nos tiene envueltos a nosotros mismos entre papeles y cintas que impiden transmitir lo realmente importante.


Es similar a los hijos de padres separados, en que los papás compiten por quien da el mejor regalo o es más “buena onda”, y se olvidan de educar y trasmitir los valores que harán la diferencia entre aquellos que se sienten dichosos y plenos, y quienes pobremente sólo tienen cosas sin aroma ni recuerdos a un abrazo en el momento justo, una palabra de aliento cuando todo parecía andar mal, o una lección importante y necesaria.


Si en estas fechas buscas sobresalir por el uso desmedido de papel de regalo, o estás en una competencia por rellenar los vacíos que tienes en tu relación con quienes te rodean, dando un presente que suena como piedra al caer en un pozo vacío, entonces te invito a detenerte un instante y tomar conciencia de cuantas cuotas vas a tener que utilizar en recuperar el tiempo perdido, a que le pongas precio, comisión e intereses a los momentos en que no compartes con tus hijos, o no le dices aquello tan importante a tu pareja, o no les das las gracias a tus padres. Te invito a que no vivas endeudado contigo mismo, a que no sigas prorrogando lo urgente creyendo que en un centro comercial encontrarás lo que buscas (ni tampoco lo que esperan recibir de ti).


Si le quieres dar un sentido a estas fechas, has que el 24 de diciembre no signifique nada especial, porque todos los días regalas lo mejor de ti para cada una de las personas que amas y con quienes quieres compartir la vida.

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