7 años de Smart Coach

El sábado recién pasado, 4 de julio de 2020, Smart Coach cumplió 7 años. Recuerdo cómo este proyecto se gestó como una simple idea, sentado en un berger del centro de cáncer de la Universidad Católica de Chile, en el centro de Santiago, mientras recibía mis quimioterapias cada quince días.


Una de las cosas que pensaba mientras estaba allí durante 4 horas recibiendo medicamentos por mis venas, era qué haría luego de eso, buscando un propósito o una meta que me dieran más energía y foco para "encender" con fuerte los "motores" internos para seguir adelante y que esa experiencia fuera un trampolín sobre el que poder dar un salto lo más grande posible, pero uno que por sobre todo fuera grande por el sentido que encarnaba.



Dentro de todas las cosas que pensé, se anidó la idea de dedicar mis días a hacer algo que me permitiera encontrar sentido día a día en lo que hacía, y que fuera, a la vez, una oportunidad para que otros también lo encontraran. Fue así que nació la idea de Smart Coach. Quiero ser honesto: jamás pensé que haríamos tantas cosas como hemos hecho durante estos siete años. Nunca pensé que formaría a más de 5000 coaches en más de 14 países, o que acompañaríamos a más de 80 empresas, o impartiríamos más de 120 versiones de programas de formación, ni los lugares y personas que este proyecto ha permitido conocer, acompañar y aprender (tanto ellos de nosotros como yo de ellos).


Ha sido, en lo más íntimo, una verdadera bendición, y sé que también lo ha sido para muchas personas que llegaron pensando en obtener una certificación internacional o aprender algunas herramientas para su vida personal o trabajo, y que terminaron encontrándose consigo mismas, abriendo oportunidades que tal vez no habían imaginado hasta ese momento.


Me siento contento y satisfecho de lo que hemos hecho hasta acá. Claro que me he equivocado en muchas maneras durante este proceso, y eso me ha ayudado a aprender día a día. Por cierto, que no siempre hemos estado a la altura que me gustaría (no menos que la misma excelencia), sin embargo, aunque sé que no lo podemos todo, siempre he estado convencido de que podemos más y mejor, y ha sido ese espíritu el que nos ha hecho cambiar una y otra vez, crear nuevas maneras de hacer las cosas, escuchando muchas veces esas voces que te quieren desalentar a evolucionar dejando atrás la fórmulas conocidas.


No me interesa competir ni compararme con otros en el "mercado del desarrollo personal", esa guerrilla de egos también fue uno de los "muertos" durante este camino (gracias a Dios). Tampoco me interesa seguir "pecando" de ingenuo al abrir las puertas y las manos con quienes solo quieren sacar un trocito para sí mismos y servirse de este espacio. Pues siempre habrá una puerta abierta para quien venga con hambre y sed en su búsqueda personal, porque ese es el propósito que me inspira y ha inspirado al equipo que ha hecho posible todo lo que hacemos en Smart Coach.


Alguna vez me importaban más los ceros en la cuenta del banco y el número en una sala de clases, pero con los años este proyecto llamado Smart Coach me transformó a mi también, y hoy solo me interesan la cantidad de vidas que pueden verse transformados, aunque sea levemente, por medio de una formación de calidad, responsable, profesional, cercana, y donde el encuentro de lo humano abra las sendas hacia lo divino.


Quiero dar las gracias a tantas personas que si las enlisto seguro se me olvidará alguien. Son cientos o quizás miles quienes han contribuido con que hoy podamos seguir aportando luego de 7 años y tantas vueltas y circunstancias que hemos atravesado. Agradecer a los que creyeron desde el primer instante, porque dieron la fuerza de avanzar cada día. Gracias a los que dudaron, porque despertaron las ganas de mostrar que se puede. Gracias a los que trabajaron codo a codo por un sueño, porque hicieron posible el cambio en formas que creo que ninguno de los involucrados logramos imaginar. Gracias a cada colaborador que pasó por nuestras filas y a los que hoy son parte, porque encarnan un sueño en el día a día. Gracias a los que quisieron herirnos y nos robaron, porque nos mostraron que cuando actuamos bien no hay herida que nos mate. Gracias a los que con o sin quererlo nos permitieron mejorar, a los que confiaron en nosotros, a los que se enamoraron de este proyecto, a los que se resistieron y los que empujaron el cambio. A los que se aprovecharon y a los que entregaron sin medida. Gracias a todas y cada una de esas personas que han sido parte de esta historia, porque las aventuras que valen la pena, son aquellas que tienen de todos los sabores, y que nos enseñan a degustar lo dulce y también lo amargo, para cada día dar gracias de poder volver a degustar una nueva oportunidad.

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